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“Nací el 4 de abril de 1983,

familia, nueve hijos,

padres de diferentes lugares, Masai y Taita.

Nací en Nairobi y también estudié en Nairobi.

A los 14 descubrí quien era pero seguia confundido porque todavía era joven. En la Universidad, en 2007, descubrí que no estaba solo, muchos de mis amigos eran como yo pero estaban en el closet.

Compartí mis sentimientos personales solamente con un amigo mio que se llamaba James. Pero en general mantenía todo en mi corazón porque me daba miedo la cultura africana.

En marzo de 2008 fui a Mombasa a visitar a mi primo. Ahí conocí a DAVID en la PLAYA, solo pudimos intercambiar direcciones. El mismo día como a las 8 p.m. recibí una llamada de David diciendo que deberíamos encontrarnos. Él estaba en el mismo estado. Lo conocí y esa misma noche me propuso matrimonio. Fue amor a primera vista.

Después de todo eso regresé a Nairobi. Digo, después de ese fin de semana, porque yo trabajaba en Nairobi. David me visitó en Nairobi y acordamos que debíamos hablar con mi madre y mi padre para que yo saliera del closet.

Lo hicimos, pero mi familia nunca estuvo de acuerdo. Todo fue peleas y discusiones. Al mes mi madre me llamó y me dijo que me bendecía y que me amaba, pero mi padre, mis tios, tias, hermanos y hermanas estaban en contra de que fuera gay.

Planeamos la fiesta de boda para julio de 2008. Invitamos a nuestros amigos cercanos; los gays y los heterosexuales.

Antes de eso tuvimos una pre-fiesta en mi casa en Nairobi. Nuestros siete amigos fueron y como a las 8 de la noche escuchamos unos gritos afuera. Vi a algunos de mis amigos heterosexuales afuera, con unos extrañon, y gritaban: “MATEMOS A ESTOS MARICONES” – que significa gays.

Tiraron una bomba de gasolina por la ventana y empezó a incendiarse todo. Yo, David y mis siete amigos tuvimos que correr a la casa del vecino. La señora Anna, mi vecina, llamó a la policia.

Al día siguiente, después de pasar la noche en casa de Anna, me fui a mi trabajo, trabajaba como bibliotecario.

Recibí una llamada de Anna. Me dijo que los mismos tipos que nos habían atacado en la noche habían ido a su casa y encontraron a David. Lo apuñalearon en el pecho con un cuchillo y lo dejaron sangrando. Anna llamó a la policia, ellos lo llevaron a un hospital público y lo dejaron ahí.

Fui directamente al hospital, encontré a David en muy mal estado, llamé a su hermano que también estaba en Nairobi. Después de una semana decidieron llevarselo de vuelta a Mombasa. Recibí mensajes de texto y correos de esos amigos diciendo que me buscarían y me encontrarían. Fueron a Nanyuck, mi ciudad natal, a amenazar a mi madre. Todo el mundo en mi villa se puso en mi contra. Asi que no puedo regresar, aunque mi familia viva ahí.

Llamé a una de mis primas que estaba en Ciudad del Cabo, pero ahora vive en Botswana. Le expliqué todo, que mi vida estaba en peligro porque ni siquiera podía ir a trabajar porque irían para allá a buscarme.

Mi prima tenía contactos en agencias de viaje en Nairobi, asi que solo le di mi pasaporte para que pudieran conseguirme una visa. En tres días ya tenia mi visa. Vine a Suráfrica porque sabía que ahí estaría seguro. Después de tres meses conseguí un permiso de asilo así que empecé a trabajar como barman. Mi prima estaba casada en Botswana asi que me quedé solo en la casa.

Traté de hacerme amigo de surafricanos negros pero no fue posible, me ponían nombres: Kwere Kwere, que significa ‘refugiado sin hogar’ y Mofi, que significa ‘sucio gay’.

Un día estaba trabajando, era tarde y después del trabajo me fui a mi casa. Vino un carro de la policia, me detuvieron, me pidieron mi permiso y me preguntaron qué hacia en Suráfrica.

Uno de ellos salió del carro y empezó a registrarme. Tomó mi billetera pero traté de detenerlo. Me pegó, subió al carro y se fueron. Me dio miedo reportarlos. Además, mi vecino venia y me decia que si Mandela moría, debía regresar a Kenia.

Me mudé a otro lugar donde había mestizos y blancos. Me fue bien ahí hasta el año pasado. Perdí mi trabajo. Fui a Asuntos Internos para renovar mi permiso pero la señora me lo negó.

Asi que tuve que buscar un lugar más barato para quedarme. Escogí DELFTS, un municipio. Ahí la vida se volvió dificil para mi. No puedo encontrar trabajo si no tengo un permiso, mis vecinos nunca me aceptaron. Me ponen sobrenombres. Este año, en febrero, me atacaron dos tipos en mi calle, como a las 5 p.m. Se llevaron mi teléfono y me apuñalearon en el brazo.

Me asusta subirme a los taxis cuando veo que es de un surafricano negro porque empiezan a hablar en su idioma y cuando no contesto me ponen sobrenombres y me amenazan.

La vida en Suráfrica es peor porque no encuentro la paz que pensé que encontraría. Y, encima de todo eso, no puedo pagar mi renta porque no estoy trabajando. A veces la casera cierra mi puerta con llave y me toca dormir en la calle.

Mientras escribo esta historia, tengo para quedarme en esta casa hasta el domingo, dentro de tres días. Entonces no tendré donde quedarme y es muy duro afuera en la noche para mi que soy un extranjero. Me quedo en la calle sin comida por días y me tientan las ganas de suicidarme. Espero sobrevivir. Me robaron todo: Mis bolsos, ropa, todo”.

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